Adara

Tenía a los tres más cerca que nunca. Fría, calculadora y silenciosa trató de escuchar algo de lo que decían.

—Sabes bien que quiero matarlo —dijo la mujer.

—Sí, lo sé, pero tendrás que esperar un poco. Es el culpable de todo esto, su muerte está asegurada.

¿Ese hombre era el culpable de la explosión? ¿Cómo podría ser esto posible?

 

– Adara –

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